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lunes, 7 de febrero de 2011

Celos


Razón 1) Sufrir por lo que todavía no ha ocurrido es de masoquistas.
Razón 2) Buscar pruebas de algo que te hará daño es estúpido. Lo que no sabes no puede afectarte.
Razón 3) Si la fidelidad de los demás no depende de tí, no quieras controlarla.
Razón 4) Sin consumación no hay delito. Tener fantasías con otra gente es inevitable, y si te dan pie flirtear es comprensible.
Razón 5) El flirteo no es infidelidad. Lo único exigible es el respeto de escondertelo. No te enfades porque te lo esconda.
Razón 6) Los celos son un síntoma de debilidad. El mas celoso en una pareja es el que más tiene que perder.
Razón 7) La única razón de ser de la monogamia es evitar conflictos con la pareja. Montando escenas por sospechas haces que deje de tener sentido. Ya que las broncas me las mete igual, al menos que sean con motivo.
Razón 8) Que te den motivos para desconfiar no es la excusa para justificar los celos, en todo caso es la excusa para cortar. Si no eres capaz de perdonar infidelidades y sigues con esa persona es que eres del género idiota.
Razón 9) La sinceridad está sobrevalorada. Si fueras tu quien pusiera cuernos seguro que creerías tener motivos. Si te los ponen a tí es que en algo fallas. ¿De veras quieres saberlo?
Razón 10) Que quieres a alguien se demuestra haciendo sacrificios como aguantar a su familia o acompañarlo a lugares donde tú no irías nunca, y no siendo posesivo. No sufras, el día que encuentre a alguien mejor que le haga caso te deja seguro, pero no adelantemos acontecimientos.

miércoles, 21 de abril de 2010

Mosquita muerta

Intentar clasificar a las mujeres en tipologías es inútil. Me recuerdan a los cuadros de Antoni Tapies: chillones y aparentemente complejos pero al final todos son iguales o se parecen mucho entre si. Esto es tan cierto como que leerlo las saca de quicio. Incluso el macho mas inexperto sabe que el secreto de la seducción pasa por hacerles creer justo lo contrario.

Partiendo de esta base, compartir tu vida con una hembra siempre es el inicio de la mas corta o mas larga agonía. Pero bien, en una hipotética escala de Richter el equivalente a un siniestro total es la que aparentemente es inofensiva: la mosquita muerta.


Las distinguiréis de sus homólogas por la infinita capacidad de disfrazar sus travesuras de torpeza con buena voluntad. La palabra que mejor las describe es "mezquindad". Echemos una rápida ojeada al diccionario...

mezquino, na
1 Avaro, tacaño, miserable
2 Ruin, falto de nobleza y moralmente despreciable

Como si se tratara de un Steve Urkel cualquiera la mosquita muerta hará ver que no se da cuenta de las consecuencias de sus actos con una postura de ingenuidad. Uno no puede enfadarse con la mosquita muerta porque se disculpa a la primera. Como si "perdón" fuera una palabra mágica que invalida cualquier represalia. Asume la culpa, visiblemente afectada, y jura no volver a hacerlo. Si es necesario llora. Y si con todo eso no basta se indigna porque con eso debería ser suficiente. Por supuesto, cuando vuelva a hacerlo invocará una especie de tendencia irrefrenable al desastre. Y no insistas mas porque bastante mal lo está pasando ella, pobrecita.

Esta es otra característica interesante de la mosquita muerta. Por alguna extraña razón su sufrimiento siempre cuenta mas que el de los demás. Bueno, no tan extraña, se llama egoísmo. Sus necesidades son prioritárias y se esfuerza en dejarlo claro. Se trata de dar pena, que la dignidad es secundária al lado de sus intereses. La disyuntiva es ceder y prepararse para una larga puesta en escena llena de victimísmo y drama.

El principal peligro de la mosquita muerta, pero, es entrar en su juego. Cuando te quieras dar cuenta todo girará a su alrededor. Te pasará por alto el hecho de que nunca está cuando la necesitas. Las promesas incumplidas porque siempre tiene un buen motivo a punto de incumplirlas. Las buenas palabras que casi nunca se corresponden con sus actos. Y hasta que hayas olvidado la diferencia entre querer y hacer de padre. Fijaos si es efectiva su estrategia que me ha llevado años darme cuenta.

Dedicado especialmente a S.G.C., a quien debería caerle la cara de verguenza al leer este post pero en lugar de eso correrá a hacerse la mosquita muerta con quien cometa el error de escucharla.

jueves, 11 de febrero de 2010

Comedia romántica

Es de dominio público que los hombres en determinados circulos tenemos la tendencia a exagerar nuestras conquistas. Lo que toda la vida se ha conocido como "el síndrome Parchís", consistente en comerse una y contar 20. Un ejemplo rápido. Cuando yo tenía 14 años, volviendo a casa desde el instituto para ir a comer, un compañero me explicó que aquel fin de semana había perdido la virginidad con una de su camping. Para darle realismo, me dijo que con los nervios se equivocó de agujero y la metió por el conducto urinario en lugar del conducto ordinario. A menos que el suyo fuera un extraordinario caso clínico de micropene hipodérmico, unos tres años mas tarde fui consciente de hasta que punto me había colado un gol.

Mujer fácil

Para que no se enfade nadie puntualizaremos que el nivel de exageración va en función del individuo. Pero si tenéis la oportunidad de hablar con un tipo y llegar al nivel de confianza suficiente, no perdáis el tiempo escuchando historias de sus conquistas. Preguntadle por los fracasos. Todo ser humano con pene y testículos es una auténtica enciclopedia de perversas humillaciones femeninas. Lo realmente interesante es lo que calla.

Mujer de alquiler de renta antigua

Que sirva como ejemplo mi propia experiencia:

1) Bofetada dialéctica: Yo no soy mucho de tirar la caña en locales de la vida nocturna. Enseguida sabréis por qué. Un par de éxitos consecutivos durante mi primera adolescencia (la segunda la empecé el pasado verano) me hicieron envalentonarme. Un día decidí entrarle a una de esas chicas con las que uno sólo lo intenta cuando está pletórico de confianza. ¿Qué era lo peor que me podía pasar? Hasta entonces yo vivía en un universo de "tengo novio", "no quiero rollo" o rechazos un poco mas directos como girar la cara y hacerse la sorda. Para lo que no estaba preparado era el desprecio mas absoluto. Aquella tiparraca me miró de arriba a abajo con un grito entre la repugnáncia y el terror y me dijo: "¡Pero si eres un feo!". Literal. UN feo. Como si yo formara parte de una raza inferior que vive en las cloacas y en mi infinita inconsciencia me hubiera atrevido a salir al exterior. No me ha vuelto a ocurrir. Tampoco lo he vuelto a intentar.

2) Calientapollismo: ¿Qué pensaríais si una chica os invita a cenar a su casa, os prepara la cena, os sonríe y os hace ojitos todo el rato, salis a bailar y redefine el concepto del verbo "refrotarse" hasta dejar el concepto perreo a la altura de una coreografia de Los Lunnis, la acompañáis de vuelta a su casa y os dice de subir para tomar la última copa? Lo mismo que yo, supongo, que es la hora de sacar el gusanito a pasear. Pues no. La continuación de la historia es la siguiente. Me sirve una copa de vino (situación altamente pretenciosa en una persona rozando la veintena, por cierto) y se pone a recoger los platos de la cena. Le pido que lo deje y se siente conmigo al sofá. Me hace caso. Me abalanzo sobre ella y soy victima de una cobra en toda regla. Me parece que te has confundido, me dice. Será mejor que te vayas. Durante un año necesité practicamente señales lumínicas y acústicas para estar convencido de hacer el primer paso.

3) Idiomas diferentes: No, no hablaré del Eramus sino de gente que interpreta las cosas totalmente al revés. Yo y la señorita X nos hacemos muy amigos en poco tiempo. Ella tiene pareja, yo también. Quedamos constantemente, duermo en su casa cuando tengo un problema familiar grave, me viene a buscar a las tantas de la madrugada para salir por ahí con su moto cuando no puede dormir, nos escapamos algún fin de semana... Ella se queda soltera, yo también. Sube el tono de las conversas, nos hacemos regalos, flirteamos. Un buen día le digo abiertamiente que pienso en ella sexualmente. X se lo toma como una ofensa personal. Pensaba que éramos amigos y ahora veo que todo este tiempo que hemos pasado juntos sólo me querías llevar al catre. ¡Me das asco! Por mucho que intenté hacerle entender que cuando alguien te dice que le pareces sexualmente atractivo no pretende insultarte, todo lo que conseguí es que dejara de hablarme. Tal como iba recordando todas las actividades que habíamos compartido, empezó a hacer interpretaciones enfermizas de todos mis gestos con ella y poco después ya había ido difundiendo entre amigos comunes un rumor sobre mi de tocamientos no consentidos durante un fin de semana que nos escapamos.

Y la Lídia Falcón o la Gemma Lienas aun se preguntan porqué los hombres van de putas...