Así como hay mujeres que se niegan a que les practiquen sexo oral, también
hay mujeres que se niegan a bajar al pilón masculino, ya sea por tabús, por una
sexualidad mal interpretada o por unas extrañas y perversas convicciones
heredadas de un feminismo mal entendido.
Y es que algunas féminas asocian de manera equívoca la mamada con la
sumisión. Carne de películas porno, estas hembras creen que arrodillarse ante
un hombre representa la confirmación de su estatus como sexo débil.
Y no amigas mías, nada más lejos de la realidad. Al contrario de lo que
vuestras inmaduras o manipuladas mentes puedan pensar, las mamadas son poder.
Porque no hay actividad sexual que deje al hombre más indefenso que una buena
felación.
La polla es el joystick de la voluntad del hombre. De hecho la
traducción de este término al castellano es "palanca de control".
Y es que si las mujeres pudieran llevar la polla de su hombre en la boca
todo el día ejercerían un control absoluto, como el ventrílocuo que mueve el
muñeco a su voluntad, pero a la inversa.
Porque felar un cipote no es meterse un trozo de carne en la boca, mamar una
polla es absorber el alma de un hombre. Es la absorción completa del espíritu
masculino. La completa vampirización del ser masculino.
Llegados a este punto, entiendo que todas las que aun teníais dudas estáis
deseosas de poneros en la boca la primera polla que tengáis al alcance, ni que
sea por comprobar mis teorías.
No os precipitéis y seguid leyendo, la lección de hoy aun no ha terminado.
No entraré en los detalles sobre cómo hacer una mamada, bastantes cosas
tengo que hacer como para escribir un tratado que la experiencia ya os irá
dando. Pero si me gustaría hacer un inciso en un momento tan significativo como
delicado.
La corrida.
Y es que muchas mujeres no saben qué hacer en ese momento. ¿Qué es mejor, en
la boca, en la cara, fuera?
La corrida es el momento más crucial de una buena mamada. Es ese instante en
el que, si las cosas se han hecho correctamente, podríais ordenar al hombre que
se lanzara desde un decimosexto piso y lo haría sin dudar. Y al contrario, una
mala decisión puede mandar a la mierda todo el esfuerzo y el buen trabajo
realizado hasta ese momento.
Lejos de lo que uno pueda pensar, la lefada en la cara no es la mejor
opción. Tal vez para alguna generación esclava de las películas porno pueda ser
una buena alternativa, pero generalmente los resultados son poco
satisfactorios, tanto para uno como para otro. Es mejor en este caso, dejar que
el esperma caiga sobre el cuerpo y regalime sobre los pechos. Porque si bien la
escena de la cara inundada de semen puede ser muy cinematográfica, a pocos
hombres les gusta besar una cara maquillada de su propio líquido.
En este sentido, la corrida fuera es la mejor opción, aunque hay que tener
en cuenta que es una operación extremadamente delicada. Pensadlo. Con la mamada
tenéis todo el control. Mientras laméis la verga erecta, el hombre no es más
que un terroncito de azúcar que deshacéis a voluntad y que reventará en mil
pedacitos en el momento que el surtidor explote. Retirar la boca en el momento más
álgido es como si os retiran el cipote de la chona en los instantes precios al
orgasmo, una mierda ¿verdad?
La corrida fuera de la boca sólo tiene sentido si la mamada acaba en paja.
Pero con una paja espectacular, a la altura de la felación que estabais
haciendo. Además, hay que controlar muy bien los ritmos, tener el arte de la
continuidad. La transición de una acción a la otra debe ser transparente y en
el tiempo adecuado, que no se note. Si no todo acabará con una fellatio
interruptus donde todo se irá a la mierda: la mamada y, especialmente, vuestro
control sobre el hombre.
"Así pues ¿qué hago?" os estaréis preguntando a estas alturas de
la película.
Sin duda, la mejor opción es la corrida dentro de la boca.
Visualmente impecable, sexualmente extraordinaria, la corrida en la boca es
el final que toda novela quisiera tener. Ver como la mujer se llena la boca de
vuestro semen y como sigue la polla con la lengua hasta los huevos para no
dejar escapar esa gota escurridiza no solo es uno de los placeres mas inmensos
que un hombre pueda vivir y ver, si no la constatación definitiva de que tu,
mujer, tienes todo el poder.
Además, la mamada hay que saborearla. Hay que disfrutarla como un vino que
nos ha costado 600 euros.
No hay nada peor que la mujer que conserva el líquido en la boca y sale
escopeteada al baño para vaciarla en la taza del vater. Es como el hombre que
abandona la cama para fumarse un cigarro tan pronto se ha corrido dentro
vuestro. Peor todavía. Es como si además, os dejara un fajo de billetes en la
mesilla de noche.
¿Verdad que a vosotras os gusta que después de una follada, el hombre se
quede a vuestro lado, acariciándoos, abrazándoos, queriéndoos? La mamada pues,
aunque sea una actividad femenina, necesita de los mismos ritmos.
La polla, amigas mías, necesita amor.
En cambio, ver como la mujer acerca su cara a la tuya para besarte y, a
pocos centímetros de ti, con un sensual gesto recoge con la lengua esa última
gotita que se escapaba por la comisura de los labios para saborearla es la
elevación a la máxima potencia del placer masculino.
Si lo hacéis bien, entenderéis entonces el auténtico significado de la
expresión "tener a un hombre cogido por los huevos".
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lunes, 2 de enero de 2012
domingo, 1 de enero de 2012
Cunnilingus
Siempre he creído que cuando uno es bien felado tiene el deber de
corresponder.
Por eso, yo que me considero una persona justa y generosa, siempre que he recibido un buen trato me ha gustado responder bajando a la fuente. Y no sólo por ella, sino porque descubrir con la lengua y los labios los rincones más íntimos de una mujer y hacer posible que se retuerza de placer es una experiencia que siempre resulta enriquecedora y sorprendente.
Pero no es una tarea fácil. Si la mente de las mujeres ya es de una gran complejidad, imaginad el coño. Hay hombres que dicen que basta con una buena técnica para conseguir que una mujer llegue al clímax. Pero se equivocan. No se trata de bajar al abrevadero a lamer como el que apura un plato de sopa. Es arte, experiencia, habilidad, generosidad y saber estar pendiente de las reacciones. Porque cada mujer requiere de atenciones distintas y lo que vale para una no vale para la siguiente.
Hay mujeres que quieren sentir el aliento cálido y la humedad de los labios sobre el clítoris, suavemente, como quien pasa de puntillas. Las hay que piden más pasión, y las hay que incluso quieren sentir el roce de los dientes. Las hay viscerales, que quieren ser poseídas por un frenetismo de lametones con la misma pasión que quien se come una rodaja de sandía en cinco segundos.
Las hay que requieren toda la atención en un sólo punto y las que quieren que lo abarques todo a la vez.
También está la mujer que disfruta sintiendo la lengua dentro. Y la que la quiere tan metida dentro que sólo Gene Simmons sería capaz de complacerla.
Hay la que quiere que acompañes el trabajo con un dedo y la que quiere dos. Y tres. Hay la que se tumba en la cama, receptiva, y la que necesita cabalgarte la boca.
Hay la que...
En todos los casos, aun así, no hay mejor recompensa que ver cómo termina con las piernas temblorosas alrededor de tu cuello, exhausta como si hubiera corrido una maratón y con esa mirada y esa media sonrisa de agradecimiento imposible de describir.
Por eso no entiendo a la mujer que (teniéndolo limpio*), en ver como tu boca abandona sus labios en dirección a los otros, una vez superados los pechos y encarado el estómago, te coge la cabeza con las dos manos y te dice "no, eso no".
¿Qué les pasa por la cabeza? ¿Por qué esa renuncia a una experiencia tan vital y placentera como esta?
*Siento romper el encanto, pero eso me ha hecho recordar el chiste de la gitana que se sentaba espatarrada en la calle comiendo una rodaja de melón y una vecina le dice: "María, cierra las piernas que se te ve todo". "Sí hombre, y que se me vayan las moscas al melón".
Por eso, yo que me considero una persona justa y generosa, siempre que he recibido un buen trato me ha gustado responder bajando a la fuente. Y no sólo por ella, sino porque descubrir con la lengua y los labios los rincones más íntimos de una mujer y hacer posible que se retuerza de placer es una experiencia que siempre resulta enriquecedora y sorprendente.
Pero no es una tarea fácil. Si la mente de las mujeres ya es de una gran complejidad, imaginad el coño. Hay hombres que dicen que basta con una buena técnica para conseguir que una mujer llegue al clímax. Pero se equivocan. No se trata de bajar al abrevadero a lamer como el que apura un plato de sopa. Es arte, experiencia, habilidad, generosidad y saber estar pendiente de las reacciones. Porque cada mujer requiere de atenciones distintas y lo que vale para una no vale para la siguiente.
Hay mujeres que quieren sentir el aliento cálido y la humedad de los labios sobre el clítoris, suavemente, como quien pasa de puntillas. Las hay que piden más pasión, y las hay que incluso quieren sentir el roce de los dientes. Las hay viscerales, que quieren ser poseídas por un frenetismo de lametones con la misma pasión que quien se come una rodaja de sandía en cinco segundos.
Las hay que requieren toda la atención en un sólo punto y las que quieren que lo abarques todo a la vez.
También está la mujer que disfruta sintiendo la lengua dentro. Y la que la quiere tan metida dentro que sólo Gene Simmons sería capaz de complacerla.
Hay la que quiere que acompañes el trabajo con un dedo y la que quiere dos. Y tres. Hay la que se tumba en la cama, receptiva, y la que necesita cabalgarte la boca.
Hay la que...
En todos los casos, aun así, no hay mejor recompensa que ver cómo termina con las piernas temblorosas alrededor de tu cuello, exhausta como si hubiera corrido una maratón y con esa mirada y esa media sonrisa de agradecimiento imposible de describir.
Por eso no entiendo a la mujer que (teniéndolo limpio*), en ver como tu boca abandona sus labios en dirección a los otros, una vez superados los pechos y encarado el estómago, te coge la cabeza con las dos manos y te dice "no, eso no".
¿Qué les pasa por la cabeza? ¿Por qué esa renuncia a una experiencia tan vital y placentera como esta?
*Siento romper el encanto, pero eso me ha hecho recordar el chiste de la gitana que se sentaba espatarrada en la calle comiendo una rodaja de melón y una vecina le dice: "María, cierra las piernas que se te ve todo". "Sí hombre, y que se me vayan las moscas al melón".
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jueves, 17 de noviembre de 2011
Fílias y Ferb
El gran punto de inflexión de los últimos 30 años no ha sido la caída del comunismo ni el descubrimiento del genoma humano. Todo eso son futesas al lado de la democratización del porno. Hoy en día, a un par de clicks, uno dispone de un catálogo estremecedor de pornografía que acojonaría al mismo Xavier Sala i Martín (a.k.a. marqués de ESADE). Lo que antes era un mundo sórdido de revistas por catálogo, cabinas de sex-shop y remotas esquinas de videoclub se ha convertido en una realidad aun mas sórdida donde cualquier persona con un mínimo de curiosidad y 30 minutos de tiempo libre puede tener acceso a las perversiones mas inimaginables desde la comodidad de su domicilio.
Y no menciono el snuff o la pederastia, que no dejan de ser ilegales y relativamente clandestinos. Las fronteras de la pornografía convencional se han ampliado de tal manera que la repercusión que tuvo el 2girls1cup es el ejemplo paradigmático. Hablo de coprofágia, de dogging, de sadomasoquismo auténtico, de bukkake de escupitajos, de gloryhole, de zoofília, de gangbang versión lluvia dorada, de sexo con amputados, obesos mórbidos, octogenarias, midgets, hombres con micropene, personas disfrazadas de peluche y hasta portuguesas, de un cuarto de litro de esperma mezclado con ensalada en un bol para ser deglutido con fruición... Todo. Cualquier cosa que se os pueda ocurrir la encontraréis esperandoos en internet, y a partir de aquí, unas cuantas derivadas que no se os habrían ocurrido jamás de propina.
Dicho esto, ahora me tiraré a la piscina y tal vez haya menos agua que en el camerino de Jesús Quintero, pero tengo la esperanza de no quedarme sólo. Esta inmersión que hemos hecho todos en el mundo de la parafília tendrá consecuencias. De hecho, ya las está teniendo. Personalmente, un video pornográfico con el esquema tradicional oral-penetración-oral-eyaculación ya ni lo miro. Busco algo mas. Y cuidado que la cosa escapa del mundo de la masturbación. La cantidad y variedad de las prácticas sexuales generalmente aceptadas ha crecido drásticamente. Si por lo que fuera eso no coincidiera con vuestra realidad, echad un vistazo a los miles de videos amateur que corren por la red y veréis que no voy tan desencaminado. Hablo sobretodo del mundo de la pareja, porque la novedad a menudo lo eclipsa todo en el universo de la cópula esporádica. No hace falta ser consumidor habitual de pornografía para notar los efectos. A lo largo de la vida, uno va poniendo en práctica todo aquello que ha aprendido de anteriores amantes, y la gente cada vez empieza a practicar mas enseñada. Te podrás negar a hacer lo que sea un par de veces, pero a la tercera que te lo propongan ya te preguntarás si no te estás perdiendo algo.
Si la normalidad no deja de ser un listón, cuando todos lo tengamos bien alto ya me gustará ver que pasa. Ahora puede ser hasta divertido pero cuando en el futuro se junten uno que sólo se corre cuando le meten un dedo por el culo mientras que se le mean en la cara, con la que para llegar al orgasmo necesita que la aten cabeza abajo a dos metros del suelo mientras la vecina jubilada le lame los pies, tendremos un problema.
Y no menciono el snuff o la pederastia, que no dejan de ser ilegales y relativamente clandestinos. Las fronteras de la pornografía convencional se han ampliado de tal manera que la repercusión que tuvo el 2girls1cup es el ejemplo paradigmático. Hablo de coprofágia, de dogging, de sadomasoquismo auténtico, de bukkake de escupitajos, de gloryhole, de zoofília, de gangbang versión lluvia dorada, de sexo con amputados, obesos mórbidos, octogenarias, midgets, hombres con micropene, personas disfrazadas de peluche y hasta portuguesas, de un cuarto de litro de esperma mezclado con ensalada en un bol para ser deglutido con fruición... Todo. Cualquier cosa que se os pueda ocurrir la encontraréis esperandoos en internet, y a partir de aquí, unas cuantas derivadas que no se os habrían ocurrido jamás de propina.
Dicho esto, ahora me tiraré a la piscina y tal vez haya menos agua que en el camerino de Jesús Quintero, pero tengo la esperanza de no quedarme sólo. Esta inmersión que hemos hecho todos en el mundo de la parafília tendrá consecuencias. De hecho, ya las está teniendo. Personalmente, un video pornográfico con el esquema tradicional oral-penetración-oral-eyaculación ya ni lo miro. Busco algo mas. Y cuidado que la cosa escapa del mundo de la masturbación. La cantidad y variedad de las prácticas sexuales generalmente aceptadas ha crecido drásticamente. Si por lo que fuera eso no coincidiera con vuestra realidad, echad un vistazo a los miles de videos amateur que corren por la red y veréis que no voy tan desencaminado. Hablo sobretodo del mundo de la pareja, porque la novedad a menudo lo eclipsa todo en el universo de la cópula esporádica. No hace falta ser consumidor habitual de pornografía para notar los efectos. A lo largo de la vida, uno va poniendo en práctica todo aquello que ha aprendido de anteriores amantes, y la gente cada vez empieza a practicar mas enseñada. Te podrás negar a hacer lo que sea un par de veces, pero a la tercera que te lo propongan ya te preguntarás si no te estás perdiendo algo.
Si la normalidad no deja de ser un listón, cuando todos lo tengamos bien alto ya me gustará ver que pasa. Ahora puede ser hasta divertido pero cuando en el futuro se junten uno que sólo se corre cuando le meten un dedo por el culo mientras que se le mean en la cara, con la que para llegar al orgasmo necesita que la aten cabeza abajo a dos metros del suelo mientras la vecina jubilada le lame los pies, tendremos un problema.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Pesadilla heterosexual
Invito a todo el sector masculíno que lea esta entrada a hacer un ejercicio de imaginación. Imaginemos que un buen día conoceis personalmente a una chica como esta.
Supongamos, que no es mucho suponer, que os hace tilín. Supongamos que reunis el valor necesario para tirarle los trastos en una fiesta.
Ahora imaginemos que contra todo pronóstico el interés es recíproco y la chica os hace caso. Imaginemos que os cautiva su sonrisa, su voz dulce y su feminidad. Que a medida que habláis con ella us parece cada vez más simpática y menos afectada.
La chica empieza a insinuarse sexualmente sin muchos rodeos. Os vais excitando por momentos. Podríais estar ante el triumfo mas épico de vuestra vida. Sólo os preocupa no cagarla.
Imaginemos que vuestras dotes de seducción consiguen que os acompañe a casa. Imaginemos que para romper el hielo mientras os desplazáis se os ocurre preguntarle a qué se dedica. Y la respuesta es que se dedica a hacer cine pornográfico.
Ahora imaginemos que no os importa. Que llegados a este punto ya era de suponer que había alguna trampa. Que eso no os impedirá aprovechar la oportunidad de vuestra vida. Imaginemos que, bien pensado, es hasta morboso. Imaginemos las cosas que os hará esta chica cuando lleguéis a casa.
Imaginemos que empieza a desnudarse mientras os coméis la boca. Que ya no podéis esperar ni un segundo mas. Imaginad que esta chica os ha puesto mas cachondos que nunca. El resto no hace falta imaginarlo porque es la pura realidad.
Supongamos, que no es mucho suponer, que os hace tilín. Supongamos que reunis el valor necesario para tirarle los trastos en una fiesta.
Ahora imaginemos que contra todo pronóstico el interés es recíproco y la chica os hace caso. Imaginemos que os cautiva su sonrisa, su voz dulce y su feminidad. Que a medida que habláis con ella us parece cada vez más simpática y menos afectada.
La chica empieza a insinuarse sexualmente sin muchos rodeos. Os vais excitando por momentos. Podríais estar ante el triumfo mas épico de vuestra vida. Sólo os preocupa no cagarla.
Imaginemos que vuestras dotes de seducción consiguen que os acompañe a casa. Imaginemos que para romper el hielo mientras os desplazáis se os ocurre preguntarle a qué se dedica. Y la respuesta es que se dedica a hacer cine pornográfico.
Ahora imaginemos que no os importa. Que llegados a este punto ya era de suponer que había alguna trampa. Que eso no os impedirá aprovechar la oportunidad de vuestra vida. Imaginemos que, bien pensado, es hasta morboso. Imaginemos las cosas que os hará esta chica cuando lleguéis a casa.
Imaginemos que empieza a desnudarse mientras os coméis la boca. Que ya no podéis esperar ni un segundo mas. Imaginad que esta chica os ha puesto mas cachondos que nunca. El resto no hace falta imaginarlo porque es la pura realidad.
Bianca Freire: pesadilla heterosexual.
miércoles, 23 de junio de 2010
Las manos van al pan, y los ojos a las tetas
A ver, planteemos la clásica situación estival:
Chico no puede evitar mirar el escote de la chica. Chica se queja de que no le mire a los ojos y de que ellos siempre piensan en lo mismo. Chico replica que la culpa es de ellas, por enseñar lo que no quieren que miremos. También utiliza en el argumento palabras como "provocando", "cerdas" y "todas putas".
Me cago en la puta. Matemos todas estas discusiones tan trilladas. Hace falta que firmemos un contrato intergénero:
Los chicos nos comprometemos a:
1 - Aceptar, entender y tolerar la necesidad que tenéis las chicas de sentiros atractivas, sexis e incluso un poco putones. Si os tomáis esto último a mal, pensad entonces que lo digo por las "jennys". De hecho, toda esta necesidad la tenéis (en principio) pensando en nosotros así que no podemos hacer más que agradecéroslo.
2 - El anterior punto incluye el evitar comentarios, pensamientos y opiniones despectivas o comparativas con las trabajadoras del placer (sexual).
3 - A miraros el escote, con las respectivas mamas dentro, de manera sutil. Pero permitir que os deis cuenta de vez en cuando para haceros sentir también un trozo de carne, y no solo unas interesantísimas personas.
Las chicas os comprometéis a:
1 - Aceptar, entender y tolerar que nosotros, los chicos, no podemos evitar que los ojos vayan hacia la carne, como nadie puede evitar mirar lo que se le ofrece delante de sus narices. O simplemente queremos darnos un erótico homenaje a costa de vuestra vestimenta, que no olvidemos ha sido elegida por vosotras.
2 - El anterior punto incluye evitar represalias como: insultos, malas caras, comentarios críticos o bajar el telón en pleno espectáculo cubriéndoos con la melena o una pieza textil. Los comentarios a favor, así como el ofrecimiento explícito se valorarán muy favorablemente. Sobre todo si a continuación no se mencionan las palabras "a cambio", "precio" o "billetes".
Para entenderos, he imaginado la sensación que debéis notar cuando el aire os refresca la regatera. Estoy seguro que es muy parecido a lo que nosotros, los hombres, sentimos cuando una suave brisa nos acaricia los genitales desnudos, concretamente los testículos. Es una sensación fantástica que nosotros no podemos disfrutar en público por las estúpidas convenciones sociales. Vosotras sí, así pues, ya que nosotros sufrimos queramos o no el recalentamiento genital, qué menos que nos permitáis evadirnos en vuestros frescos valles.
- Va, no hay huevos a...
Todo esto me lleva a añadir unos pocos puntos extras respecto a vuestro compromiso:
1 - Favorecer la visualización más óptima y estética de vuestras frutas lácticas (ya sean melones o fresones), usando posturas, posiciones y vestimenta adecuadas. Inclinarse hacia delante, permanecer un plano por debajo (chica sentada vs chico de pie) o no usar sujetador a la par que un escote que bordea los pezones son buenas maneras de compartir alegría para hacer de este un mundo mejor.
2 - Anexo del punto anterior: mientras aplicáis las directrices anteriormente apuntadas, es necesario y os comprometéis a mirar hacia otro lado, cuanto más alejado de los ojos del espectador macho, mejor. No obstante, tenéis derecho a girar de pronto la cabeza y mirar directamente a los ojos de este, una vez cada cinco minutos. Para cumplir el tercer punto con el que nos comprometemos los barones.
3 - Sobre el Wonderbrá, hay que decir que los hombres en general mantenemos una relación de amor-odio con él. Amor visual, porque aparentemente os las hace más apetitosas. Odio, porque una vez fuera, frecuentemente llega la bofetada de la decepción y el engaño.
Yo personalmente, como detesto la impostura y la pretensión a la vez que admiro la naturalidad y la autosatisfacción, apuesto por derribar la dictadura de los push-up.
Mujeres, hombres, en este tema todos nos debemos cosas los unos a los otros. Hagámoslo bien. Cumplamos cada uno nuestra parte jugando limpio.
jueves, 11 de febrero de 2010
Comedia romántica
Es de dominio público que los hombres en determinados circulos tenemos la tendencia a exagerar nuestras conquistas. Lo que toda la vida se ha conocido como "el síndrome Parchís", consistente en comerse una y contar 20. Un ejemplo rápido. Cuando yo tenía 14 años, volviendo a casa desde el instituto para ir a comer, un compañero me explicó que aquel fin de semana había perdido la virginidad con una de su camping. Para darle realismo, me dijo que con los nervios se equivocó de agujero y la metió por el conducto urinario en lugar del conducto ordinario. A menos que el suyo fuera un extraordinario caso clínico de micropene hipodérmico, unos tres años mas tarde fui consciente de hasta que punto me había colado un gol.
Mujer fácil
Para que no se enfade nadie puntualizaremos que el nivel de exageración va en función del individuo. Pero si tenéis la oportunidad de hablar con un tipo y llegar al nivel de confianza suficiente, no perdáis el tiempo escuchando historias de sus conquistas. Preguntadle por los fracasos. Todo ser humano con pene y testículos es una auténtica enciclopedia de perversas humillaciones femeninas. Lo realmente interesante es lo que calla.
Mujer de alquiler de renta antigua
Que sirva como ejemplo mi propia experiencia:
1) Bofetada dialéctica: Yo no soy mucho de tirar la caña en locales de la vida nocturna. Enseguida sabréis por qué. Un par de éxitos consecutivos durante mi primera adolescencia (la segunda la empecé el pasado verano) me hicieron envalentonarme. Un día decidí entrarle a una de esas chicas con las que uno sólo lo intenta cuando está pletórico de confianza. ¿Qué era lo peor que me podía pasar? Hasta entonces yo vivía en un universo de "tengo novio", "no quiero rollo" o rechazos un poco mas directos como girar la cara y hacerse la sorda. Para lo que no estaba preparado era el desprecio mas absoluto. Aquella tiparraca me miró de arriba a abajo con un grito entre la repugnáncia y el terror y me dijo: "¡Pero si eres un feo!". Literal. UN feo. Como si yo formara parte de una raza inferior que vive en las cloacas y en mi infinita inconsciencia me hubiera atrevido a salir al exterior. No me ha vuelto a ocurrir. Tampoco lo he vuelto a intentar.
2) Calientapollismo: ¿Qué pensaríais si una chica os invita a cenar a su casa, os prepara la cena, os sonríe y os hace ojitos todo el rato, salis a bailar y redefine el concepto del verbo "refrotarse" hasta dejar el concepto perreo a la altura de una coreografia de Los Lunnis, la acompañáis de vuelta a su casa y os dice de subir para tomar la última copa? Lo mismo que yo, supongo, que es la hora de sacar el gusanito a pasear. Pues no. La continuación de la historia es la siguiente. Me sirve una copa de vino (situación altamente pretenciosa en una persona rozando la veintena, por cierto) y se pone a recoger los platos de la cena. Le pido que lo deje y se siente conmigo al sofá. Me hace caso. Me abalanzo sobre ella y soy victima de una cobra en toda regla. Me parece que te has confundido, me dice. Será mejor que te vayas. Durante un año necesité practicamente señales lumínicas y acústicas para estar convencido de hacer el primer paso.
3) Idiomas diferentes: No, no hablaré del Eramus sino de gente que interpreta las cosas totalmente al revés. Yo y la señorita X nos hacemos muy amigos en poco tiempo. Ella tiene pareja, yo también. Quedamos constantemente, duermo en su casa cuando tengo un problema familiar grave, me viene a buscar a las tantas de la madrugada para salir por ahí con su moto cuando no puede dormir, nos escapamos algún fin de semana... Ella se queda soltera, yo también. Sube el tono de las conversas, nos hacemos regalos, flirteamos. Un buen día le digo abiertamiente que pienso en ella sexualmente. X se lo toma como una ofensa personal. Pensaba que éramos amigos y ahora veo que todo este tiempo que hemos pasado juntos sólo me querías llevar al catre. ¡Me das asco! Por mucho que intenté hacerle entender que cuando alguien te dice que le pareces sexualmente atractivo no pretende insultarte, todo lo que conseguí es que dejara de hablarme. Tal como iba recordando todas las actividades que habíamos compartido, empezó a hacer interpretaciones enfermizas de todos mis gestos con ella y poco después ya había ido difundiendo entre amigos comunes un rumor sobre mi de tocamientos no consentidos durante un fin de semana que nos escapamos.
Y la Lídia Falcón o la Gemma Lienas aun se preguntan porqué los hombres van de putas...
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jueves, 14 de enero de 2010
Víctimas del porno
Ayer al volver de clase y abrir mi bandeja de correo electrónico me llevé una sorpresa. Alguien me invita a unirme a una plataforma antipornografía. No me preguntéis como he despertado su interés porque no tengo ni idea. O me ha confundido con un puritano o pretende salvar mi alma pecadora, supongo.
Señorita virgen infollable presuponiendo que mi cerebrito masculino me da para distinguir la diferencia entre disfrutar de una matanza de ficción y salir a ametrallar gente, pero no para separar una escena de hardcore de mi pulsión sexual.
Examino con curiosidad los enlaces que me adjunta y enseguida me doy cuenta que la cosa va en serio. Un canal de YouTube con decenas de testimonios de ex-actrices del genero detallando los estragos que la pornografía ha hecho en sus miserables vidas, el apoyo público de Tyra Banks y su programademierda en la TV y, en general, una extensa argumentación de porqué hay que acabar con la industria del cine para adultos a la de ya.
- El porno degrada a la mujer
- El porno es un sistema de explotación
- El porno siempre va acompañado de malos hábitos
- El ejercicio del porno a largo plazo implica graves consecuencias físicas y emocionales
- La dignidad de la mujer está por encima de la recompensa económica
Después se me ocurrió poner en práctica un ejercicio muy simple que consiste en sustituir las palabras "porno" y "mujer" por "trabajo" y "persona".
lunes, 21 de diciembre de 2009
Cánon
Ayer se murió una de las mujeres más bonitas que he visto en mi vida. Uno de esos ejemplos que nunca me vienen a la cabeza cuando la gente habla de la Sara Carbonero como si fuera la panacea y yo quiero explicar la diferencia entre una efígie con pinta de oler mierda y mi idea de sensualidad femenina.
Hay la creencia absurda que la belleza debe ser una cosa distantemente fría y todo aquello obviamente sexual es vulgar. Y una mierda. La naturaleza nunca engaña. Si véis una chica por la calle y os pica la entrepierna es que está buena. Es mas, estoy en disposición de afirmar que todos aquellos hombres que se hayan dejado convencer para separar su instinto primario del cánon de belleza son maricas.
De rubia, de morena o de castaña tenía aquel punto justo de equilibrio entre la candidez y un horizonte de infinita predisposición al sexo violento y sórdido. Era imposible observarla con aquella gran boca y aquella mirada legañosa como de acabar de levantarse y no pensar en hacerle un montón de cosas horribles. Tenía por defecto aquella inexplicable expresión que a muchas sólo se os pone después de un orgasmo intenso como preludio de una recompensa oral de las especiales. No se correspondía con el perfil de supermodelo ni de estrella porno siliconada. No era perfecta. No levantaba dos palmos del suelo, tenía bolsas en los ojos y una nariz que recordaba ligeramente a la de la cerdita Peggy pero me la hubiera follado hasta después de muerta.
¡Eh! Y los que no coincidáis conmigo estáis de enhorabuena. Si la palma una de las vuestras siempre podéis encargar otra sin alma a realdoll.com
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miércoles, 28 de octubre de 2009
El mueble de la verdad
Hay tres situaciones en la vida en las que resulta muy díficil esconder quienes somos en realidad. Curiosamente, las tres tienen lugar en el mismo espacio: la cama.
1: Hora de dormir
Uno puede pasarse la vida intentando proyectar una imágen de elegancia, de buen gusto estético o sencillamente de tener un estilo propio mas o menos molón, pero cuando se trata de encarar el sobre todos optamos por la comodidad.
Y aquí es donde aparecen esos pijamas a cuadros o de colores imposibles, esas camisetas publicitarias que nunca han visto la calle, esa camiseta imperio y, en general, esa ropa agujereada, descolorida o manchada de pintura.
Eso en el mejor de los casos, pues a menudo deberíamos hablar tambien del pegotito de mierda, del olor a pedo y sudor y de aquella goma juguetona que hace tiempo que cedió para dejar al descubierto la rodaja de sandía con la que nuestro señor nos obsequió como separador de nalgas. Llegados a este punt, hay que reconocer que el genero femenino nos lleva ventaja. El pijama masculino, por definición, ya sea de manga corta o larga, es una ofensa para los sentidos. Además, pocos hombres tienen la previsión de comprar un conjunto de dormir presentable para ocasiones especiales. Es por eso que ante la perspectiva de pasar la noche fuera de casa muchos machos optan por el descanso del guerrero desnudo o en calzoncillos. Algo que toda mujer adivina tras pernoctar mas de tres noches con la misma pareja y que espera con ansia para empezar a dejarse ir ella tambien. Porque no nos engañemos, el lamentable modelito de costumbre nos reconforta de tal manera que sólo es cuestión de tiempo obtener el nivel de confianza suficiente para mostrarlo. De la sustancialidad de nuestra hipocresía depende nuestra credibilidad. Y eso dice mucho de nosotros. Un hombre que duerme siempre impecable, por ejemplo, nos está diciendo que es gay.
2: Hora de ordenar
Un dormitorio es como una cueva, un refugio de intimidad donde nadie aparte de sus ocupantes habituales es bienvenido. Pero las visitas se suceden, y delante de esta posibilidad se produce el fenómeno del camuflaje. Donde antes había una cama deshecha y todo de ropa arrugada por encima aparecerá otro magistralmente estirado y encajado con un pijama perfectamente doblado bajo la almohada. Los hay que incluso aprovechan para hacer el mas que necesario cambio de sabanas y colcha. Tambien desaparecerán los zapatos tirados por el suelo, toda clase de objetos expuestos que se embutiran en los cajones y aquel olor a humanidad convenientemente ventilado horas antes. El problema son las visitas sorpresa. Cuando estos individuos inesperados se presentan sin conceder tiempo material para camuflar nada hay que reaccionar rápido. Con la excusa de dejar sus cosas, como respuesta predefinida intentarán acceder a la cueva sagrada y aquí es donde se le ve el plumero al ocupante. Cerrar la puerta y bloquear el paso de cualquiera que ose hacer el intento de penetrar presagia horrores inimaginables. Ponerse a ordenar compulsivamente mientras se piden disculpas es un claro síntoma de remordimiento. Simular indiferencia y dejarlos pasar como quien no quiere la cosa, dependiendo de la magnitud de nuestra dejadez, puede ser interpretado como un indicio de síndrome de Diógenes. La mayoría optan por la tópica advertencia/disculpa jocosa o una justificación puntual de desorden para salvar los muebles. Yo, personalmente, me decanto por la técnica de fingir caballerosidad y ofrecerme para guardar sus pertenencias en mis aposentos mientras se acomodan. Probablemente, cuando se vayan quieran recoger sus cosas ellos mismos y acaben teniendo acceso a mis miserias, pero para entonces estaré tan harto de su presencia que con tal de que se marchen, me la sopla. Además tiene la ventaja de que cuando salgan por la puerta, ellos podrán criticar a placer y yo descansar. Todos salimos ganando. Pero cuidado, ultimamente he descubierto otros métodos alternativos a tener en cuenta que usa la gente, como dormir directamente sobre el colchón. Práctico y efectivo.
3: Hora de follar
Afrontemoslo, durante el complejo ritual de la seducción la gente miente con ganas. Se insinuan o directamente se proclaman unas capacidades amatorias que sin duda contribuyen al calentamiento previo que nos llevará al acto. Una vez en la cama, ha llegado la hora de demostrar y esa es una presión que no necesitáis en el ya de por si complicado primer contacto sexual. No os recomendaré que intentéis trasladar de entrada unas bajas expectativas a la otra parte, porque eso sería como pediros que vendiérais pescado admitiendo que está medio podrido. Eso si, si queréis un consejo, uno que de verdad os servirá, pensad que una vez tenéis a quien queréis en la cama mas os vale que seais lo mas egoistas posible. Si uno de los dos ha de salir decepcionado mejor que no seais vosotros. En definitiva, no sabéis cual es su listón de exigencia ni cual de vuestra fanfarronadas la han seducido mas, así que id al grano. Sed un remolino, id a lo seguro, no pidáis permiso para nada y a vuestra bola. Preocuparse por su placer es un signo de debilidad y si ha de salir mal tenéis muchas posibilidades de acabar frustrados. Tal vez no se repita. Pero quien se ha corrido aquí, eh? Quien!!
1: Hora de dormir
Uno puede pasarse la vida intentando proyectar una imágen de elegancia, de buen gusto estético o sencillamente de tener un estilo propio mas o menos molón, pero cuando se trata de encarar el sobre todos optamos por la comodidad.
Y aquí es donde aparecen esos pijamas a cuadros o de colores imposibles, esas camisetas publicitarias que nunca han visto la calle, esa camiseta imperio y, en general, esa ropa agujereada, descolorida o manchada de pintura.
Eso en el mejor de los casos, pues a menudo deberíamos hablar tambien del pegotito de mierda, del olor a pedo y sudor y de aquella goma juguetona que hace tiempo que cedió para dejar al descubierto la rodaja de sandía con la que nuestro señor nos obsequió como separador de nalgas. Llegados a este punt, hay que reconocer que el genero femenino nos lleva ventaja. El pijama masculino, por definición, ya sea de manga corta o larga, es una ofensa para los sentidos. Además, pocos hombres tienen la previsión de comprar un conjunto de dormir presentable para ocasiones especiales. Es por eso que ante la perspectiva de pasar la noche fuera de casa muchos machos optan por el descanso del guerrero desnudo o en calzoncillos. Algo que toda mujer adivina tras pernoctar mas de tres noches con la misma pareja y que espera con ansia para empezar a dejarse ir ella tambien. Porque no nos engañemos, el lamentable modelito de costumbre nos reconforta de tal manera que sólo es cuestión de tiempo obtener el nivel de confianza suficiente para mostrarlo. De la sustancialidad de nuestra hipocresía depende nuestra credibilidad. Y eso dice mucho de nosotros. Un hombre que duerme siempre impecable, por ejemplo, nos está diciendo que es gay.
2: Hora de ordenar
Un dormitorio es como una cueva, un refugio de intimidad donde nadie aparte de sus ocupantes habituales es bienvenido. Pero las visitas se suceden, y delante de esta posibilidad se produce el fenómeno del camuflaje. Donde antes había una cama deshecha y todo de ropa arrugada por encima aparecerá otro magistralmente estirado y encajado con un pijama perfectamente doblado bajo la almohada. Los hay que incluso aprovechan para hacer el mas que necesario cambio de sabanas y colcha. Tambien desaparecerán los zapatos tirados por el suelo, toda clase de objetos expuestos que se embutiran en los cajones y aquel olor a humanidad convenientemente ventilado horas antes. El problema son las visitas sorpresa. Cuando estos individuos inesperados se presentan sin conceder tiempo material para camuflar nada hay que reaccionar rápido. Con la excusa de dejar sus cosas, como respuesta predefinida intentarán acceder a la cueva sagrada y aquí es donde se le ve el plumero al ocupante. Cerrar la puerta y bloquear el paso de cualquiera que ose hacer el intento de penetrar presagia horrores inimaginables. Ponerse a ordenar compulsivamente mientras se piden disculpas es un claro síntoma de remordimiento. Simular indiferencia y dejarlos pasar como quien no quiere la cosa, dependiendo de la magnitud de nuestra dejadez, puede ser interpretado como un indicio de síndrome de Diógenes. La mayoría optan por la tópica advertencia/disculpa jocosa o una justificación puntual de desorden para salvar los muebles. Yo, personalmente, me decanto por la técnica de fingir caballerosidad y ofrecerme para guardar sus pertenencias en mis aposentos mientras se acomodan. Probablemente, cuando se vayan quieran recoger sus cosas ellos mismos y acaben teniendo acceso a mis miserias, pero para entonces estaré tan harto de su presencia que con tal de que se marchen, me la sopla. Además tiene la ventaja de que cuando salgan por la puerta, ellos podrán criticar a placer y yo descansar. Todos salimos ganando. Pero cuidado, ultimamente he descubierto otros métodos alternativos a tener en cuenta que usa la gente, como dormir directamente sobre el colchón. Práctico y efectivo.
3: Hora de follar
Afrontemoslo, durante el complejo ritual de la seducción la gente miente con ganas. Se insinuan o directamente se proclaman unas capacidades amatorias que sin duda contribuyen al calentamiento previo que nos llevará al acto. Una vez en la cama, ha llegado la hora de demostrar y esa es una presión que no necesitáis en el ya de por si complicado primer contacto sexual. No os recomendaré que intentéis trasladar de entrada unas bajas expectativas a la otra parte, porque eso sería como pediros que vendiérais pescado admitiendo que está medio podrido. Eso si, si queréis un consejo, uno que de verdad os servirá, pensad que una vez tenéis a quien queréis en la cama mas os vale que seais lo mas egoistas posible. Si uno de los dos ha de salir decepcionado mejor que no seais vosotros. En definitiva, no sabéis cual es su listón de exigencia ni cual de vuestra fanfarronadas la han seducido mas, así que id al grano. Sed un remolino, id a lo seguro, no pidáis permiso para nada y a vuestra bola. Preocuparse por su placer es un signo de debilidad y si ha de salir mal tenéis muchas posibilidades de acabar frustrados. Tal vez no se repita. Pero quien se ha corrido aquí, eh? Quien!!
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